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Armando Comentarios: Himno al Deporte.

Presentación del libro "El Viejo Deporte de los Cestos", de izquierda a derecha: Juan Jacaome de Esto, Gume Romero, Arturo Soler, Jorge Coria de Ovaciones, Alfonso Roldán y Rivas Olguín.

“Toda una vida consagrada al basquetbol de México, dedicado al más alto de sus ideales que ha sido el de la entrega de sí mismo a través de la enseñanza, tanto de los valores espirituales como de la técnica del deporte de sus amores, entrenador nato que se ha superado a sí mismo con las enseñanzas de los mejores entrenadores extranjeros que han venido a nuestro país”, de esta manera Don Gumercindo Romero Vásquez describía, en la introducción de su libro "El Viejo Deporte de los Cestos", al señor Víctor Luque Salanueva, de amplia trayectoria en nuestro deporte, quien fuera jugador y también un gran directivo.

Posteriormente a la publicación a su libro, en 1978, el maestro Gumercindo Romero escribió este bello himno al deporte, de gran contenido filosófico y que enriquece el espíritu de quien lo lee. En un reconocimiento a su trayectoria y por el gran legado que nos dejó, lo doy a conocer a las nuevas generaciones, esperando que trascienda de igual manera y deje huella en sus pensamientos:
  
HIMNO AL DEPORTE
Por Gume Romero

Alzad al cielo ¡Oh! deportistas
tus manos llenas o vacías de lauros y preseas
para que tu deporte de éxtasis lo llenes
con tu éxito, tu lucha, tu decoro.

Los caros lauros que se obtienen en la lucha
son como flores que nacen, florecen y marchitan
así cuando triunfes, que tu actitud serena
tenga tintes de modestia y de vergüenza.

Desborda de los límites de tu alma
el esfuerzo que tu pecho encierra
y cuando llegues a la ansiada meta
olvides el trayecto recorrido.

Ni una palabra de dolor blasfemo
¡Oh! atleta profieras cuando estés vencido
y ve al que triunfa sin desdén y envidia
porque sería indigna tu actitud desnuda.

El deporte como escuela nos indica
el camino que al éxito conduce
sólo toca a nosotros prepararnos
para ser mejores en la lucha por la vida.

Si al deporte y al estudio mi vida he consagrado
debo esperar de ellos la anhelada recompensa
porque ellos como fuente inagotable de esperanza
me obligaron a honrarlos en justa recompensa.

Quiera el cielo que sirvan los triunfos y derrotas
como sabias lecciones que alimentan y provocan,
más ímpetus, más limpieza, más esfuerzo
del ser humano que sólo así se justifica.

No será fácil llenar el corazón humano
con pequeñas cosas de este mundo
solo podemos dejarlo satisfecho
cuando juntos eduquemos, nuestra mente,
nuestro cuerpo, nuestro espíritu.

Deportistas de un mundo delirante
aprestad vuestro incansable esfuerzo
para llegar a la deseada meta
que en noches nebulosas han soñado.

Si el triunfo es un constante anhelo
de todo aquel que compite con denuedo
que sea su premio el llegar jadeante       
con honor, sin soberbia y con el corazón henchido.

Quién pudiera tener entre sus manos
la lírica sonora y animada
para entonar un himno al deporte
que es escuela de alegría y de avanzada.
   
Que emerja en nuestros labios ese cantico al evento
que ha sido generoso con nosotros      
que errantes por la vida caminamos         
sin saber corresponder a sus halagos
de hacernos caballeros y hombres sanos.
   
No hay nada tan fútil y mezquino
como sentirse derrotado en plena lucha
sin pensar que tenemos dignidad y alma.

Nos exige al calor de la batalla
un supremo esfuerzo, ¡Oíd! bien, aun heridos
pero sin postrar la frente cual mendigos   
para pedir un triunfo inmerecido.

Es el deporte cuan sagrado    
donde guardan los hombres un tesoro
ese que llamamos triunfar con ética y nobleza
sin manchar n
ODA AL DEPORTE DE LOS CESTOS.
Por Gume Romero

Quiero caer luchando limpiamente
porque así lo exige la ética, la vida y el deporte,
no importa sangrar y combatir muriendo
si muchas veces, se cae sin ser vencido.

Un triunfo se escapa a veces de las manos
como se escapa una oración de nuestros labios
como también se escapa un beso enloquecido,
que sangra gota a gota los labios atrevidos.

Mas no importa el dolor que causa ¡Señor! cualquier derrota
si muchas veces, perder es preferible
y así darle importancia al juego limpio, que ennoblece,
que el ganar por medios deshonestos que denigran.

Apercibir en el combate los instintos buenos
y usarlos sin provocar herida.
Porque yo estimo, ¡Señor! también la vida
del que combate, conmigo frente a frente.
  
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