| Por Fernando “Perico” Alcaraz Romero |
Miembro fundador el Cuerpo de Árbitros de Basquetbol
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• Los rústicos espacios para los primeros deportistas. • Jugando sin conocer el reglamento. • La combinación de varios deportes.
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| SEGUNDA PARTE |

Continuaremos con el relato que nos hace un joven que tiene contacto con este deporte en los primeros momentos en que el basquetbol es practicado por los niños y la juventud de la Ciudad de México en los albores de los años 20’s.
II.- Mis Primeros Pasos
“Siendo de espíritu entusiasta y organizador, empecé a trabajar para formar un equipo para el logro de mis ilusiones y la idea que había nacido desde aquel domingo memorable. En ese tiempo había pocas canchas para jugar basquetbol y pocas también las posibilidades de practicarlo pero eso no me hizo prescindir de lo que me había propuesto. Por vivir cerca de la Alameda Central, la frecuentaba mucho, dándonos cita los muchachos del rumbo en su mayoría compañeros de escuela, que gustábamos en organizar carreras de velocidad, de relevos, saltos de obstáculos y de longitud o simplemente “roñas” siendo esa la forma en que jugábamos un deporte, poco a poco fuimos conociendo el basquetbol, ya que nuestras prácticas fueron siendo tema, por lo que desde ese domingo no llegamos a perder, tomando arraigo dicho juego entre todos nosotros.
Casi en el centro de la Alameda Central existe hasta la fecha un terrero en forma de cuchilla, que ahora es un jardín de bellas y olorosas flores, que en aquel tiempo era un lugar en donde permitían jugar a los niños a la pelota y andar en bicicleta para que no invadieran los prados; podíamos hacer uso de ese parquecillo muy de mañana y por tanto entre todos los que asistíamos, decidimos comparar un balón, que en esa época no eran tan caros como en la actualidad, ya con nuestra pelota pudimos empezar a practicar a nuestro modo, porque nadie sabía ni podía indicar los fundamentos que requiere ese juego, pues en aquel lugar no había cancha ni tableros donde pudiéramos sujetarnos a un entrenamiento determinado. Poco a poco aquel parque fue haciéndose famoso, eran tantos los muchachos y muchachas que se congregaban allí, con el fin de poder participar en los partidos que hacíamos con el balón que habíamos comprado. Aquellos memorables encuentros se empezaron a jugar entre 10, 15 y más de cada bando, de acuerdo con la asistencia de cada mañana, ya fueran hombres o mujeres, en esos partidos hacíamos una mezcla de basquetbol, futbol soccer y futbol americano, donde no faltaban las patadas, las zancadillas, los revolcones con sus consiguientes raspones de rodillas y otras partes del cuerpo, que casi siempre salíamos con los pantalones enlodados, llenos de tierra, bañados en sudor y como era de esperarse no siempre teníamos la suerte de salir bien, pues había veces que lamentábamos moretones y narices rotas, pero todo lo recibíamos con la naturalidad propia de la edad, del juego, del ambiente de buen humor y alegría que reinaba entre nosotros; jugando perdíamos la noción del tiempo, pero eso sí, dando las ocho de la mañana, corríamos cada quien para nuestras casa, a desayunar para irnos unos a la escuela, y otros para sus trabajos, no sin quedar de vernos nuevamente al día siguiente”.
“Yo no faltaba una sola mañana a esos famosos partidos, al igual que muchos, que por su afición al juego de pelota era muy grande. Era la forma que podía practicar e imitar algo de las proezas de aquellos ases, que veía en el Colegio Mexicano, y como mi idea era hacerme jugador de basquetbol, no perdía oportunidad para aprender a pasar y a rebotar la pelota, que era lo único que podía en ese campo de juego. Del grupo que fue formándose (dígase palomilla) los muchachos más grandes fueron ingresando a equipos organizados, quedando los más chicos y las muchachas continuaban jugando en las mañana en ese parque, al poco tiempos aquellos mismos muchachos grandes, fieles a la amistad que habían hecho al conocernos en esos inolvidables partidos de los que mencioné antes, nos llevaron sus conocimientos adquiridos en los clubes, y desde luego mejoramos nuestra manera de jugar. Ya no hacíamos esa mezcla de diferentes juegos, ya realizábamos pases de diferente estilos, combinaciones, rebotábamos con cierta facilidad y dominio se veía un progreso notable y yo me encontraba encantado procurando adquirir mayores conocimientos para llegar a la meta que me había trazado. De ahí salí como muchos otros jóvenes a las canchas del tapido y elegante juego, al igual salieron las hermanas González, las hermanas Vera y otros más, que formaron después el equipo femenil “Chelos”, llegaron a ser campeonas en 1927. De ese mismo grupo surgió también el hoy prestigiado entrenador Gume Romero, el “Caballo” Duran de la Sierra, El “Charro” Rocha, Medina, el “Químico” Medellín, el Ing. Villalobos y el ferrocarrilero “Fierros” Aguilera y otros más, que llegamos a ser figuras en el basquetbol. Mi gran afición y espíritu combativo me hicieron sobresalir de entre la gente más menuda. Por mi manera de jugar, mi estatura, mi físico y tal vez mi carácter hizo que mis compañeros y amigos de juego, me bautizaran con el mote de “Periquín”, que más tarde y hasta la fecha se me quedó el de “Perico”, que es como se me conoce en todo el medio basquetbolero del Distrito Federal y muchas partes de la República”.
Es todo por ahora y no se pierda la continuación de este sensacional relato en nuestra próxima entrega y continúen conociendo la historia del basquetbol en los relatos que presentamos en el programa de TV, “La Duela” de AYM Sports, el único programa de la televisión que habla de puro basquetbol.
Por lo pronto, ¡que tengan un buen juego!
Continuará…
*Documentación gráfica y documental del archivo de Don Alfonso Roldán Picazo.
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