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Por Fernando “Perico” Alcaraz Romero
Miembro fundador el Cuerpo de Árbitros de Basquetbol |
• Los primeros deportivos de la Capital. • Prof. Juan Snyder de los primeros árbitros. • Mi primer gimnasio, el Colegio Mexicano. |
| TERCERA Y ÚLTIMA PARTE |
III.- MI PRIMER JUEGO
La primera gran satisfacción y grato recuerdo de mi vida deportiva, fue cuando al formar parte del equipo “Alameda”, en la categoría Juvenil, participamos en los Juegos Deportivos que organizaba el gran periódico “Excélsior” en el año de 1924, yo era el capitán del equipo y cual sería mi sorpresa que al recibir el calendario de juegos, nuestro primer juego iba a ser en la cancha de mis sueños, la del Colegio Mexicano, al comunicárselo a mis jugadores, todos sentimos una gran emoción, y para ir a presentar nuestro primer juego teníamos que practicar la canasta, para eso tuvimos que dirigirnos hasta el antiguo parque “Garibaldi” y al de “Tres Guerras” de la ciudadela, para sujetarnos a ese imprescindible entrenamiento.
Como hasta el sábado era el encuentro, teníamos toda la semana para conocer los secretos del tablero y saber tirar al arillo, ya que nuestro campo de practicas en la Alameda, nunca hubo siquiera un aro de barril clavado en un árbol para poder tirar, sabíamos correr, pasar, combinar, rebotar, pero hasta allí llegaban nuestros grandes (?) conocimientos del basquetbol. Llegó el sábado, mi espíritu de organizador me hizo cooperar con mi equipo, haciéndoles a mis compañeros sus números y unas letras “A” que quería decir el nombre de nuestro club “Alameda”, nos dirigimos hasta el Colegio Mexicano, procurando llegar a tiempo, y llegamos tan puntuales que fuimos los primeros en entrar a la cancha, la cual nos pareció una boca de lobo por lo oscura que estaba. Nos tocaba jugar contra los juveniles de “Preparatoria”, no conocíamos la potencialidad de nuestros oponentes, ya que éramos nuevos y completamente novatos, pero eso al igual que a mis compañeros no me importó, nuestras grandes batallas de 10 contra 10 y más, a las que estábamos acostumbrados en el parque Alameda, nos dio la confianza de que éramos fuertes pasando, driblando y corriendo, y con más razón, ya que esa vez nos veríamos con solamente cinco hombres de contarios, aunque no habíamos practicado mucho la canasta, creímos que a base de combinaciones podríamos ganar fácilmente.
Ya en la cancha de juego empezamos a entrar a la canasta, en la formación más sencilla y que se usa en el calentamiento, en la práctica encesté varios tiros que me dieron animo, para sentirme un Foch, un Amaro, un Silvio o cualquiera de aquellas luminarias que conocí aquel domingo cuando nació mi afición por el basquetbol, era yo feliz aquella noche, mi sueño había llegado, ansioso esperaba el momento de ver rotas la hostilidades, me sentía como volando sobre hielo, ya que acostumbrado a la tierra de la Alameda, aquello era un gimnasio de fantasía. Recuerdo que el árbitro era el Prof. Juan Snyder, veterano y competentísimo maestro de Educación Física, que después traté y siento por él, estimación y simpatía por su amabilidad y fineza, dicho Profesor llevó al juego que iniciamos con un gran entusiasmo y agresividad, que sorprendimos a nuestros adversarios por el juego de conjunto y a base de velocidad como acostumbrábamos hacerlo en el parque Alameda.
A los cinco contrarios los veía como árboles que se atravesaban en mi camino, no cesaba de correr con mis compañeros arriba y abajo y por toda la cancha, como verdaderos gamos o caballos de carreras, pero ¡ay desilusión! Las pocas veces que tirábamos a la canasta, era para perder la pelota y que nuestros contarios hicieran una jugada y metieran la pelota en el aro, que era el objeto para ganar el juego. Pronto nos dimos cuenta que lo hecho por nosotros no daba resultado, la puntuación en contra era muy elevada y los pocos puntos logrados a nuestro favor no harían nunca ganar el partido; decidimos más a la canasta, pero allí fue el Waterloo para el equipo, todos los intentos no tenían éxito por no haber practicado en una cancha de basquetbol, no sabíamos como tirar estando muchas veces debajo de la canasta, y en consecuencia no metíamos una calabaza, a eso se debió el primer fracaso, inclusive el mío. Sin embargo, el entusiasmo no decayó, ya que en ese juego se habían realizado nuestras esperanzas, por nuestro animo demostrado, fuimos alentados por nuestros vencedores al final del juego y muy en particular por su capitán, el hoy Lic. Arturo Melgar. Desde aquel desafortunado partido nos propusimos entrenar más en la canasta, yo por mi parte me preocupe más por ser un buen canastero, cosa que logré al poco tiempo, por mi gran empeño y la voluntad que puse para tal fin. El nombre de “Alameda” ya no nos gustó y a iniciativa mía la cambiamos por “Pericos”, con ese nombre tuvimos más suerte y empezamos a ganar partidos, jugamos en todas partes, nos hicimos famosos en el medio, llegando a ser de lo mejor en la categoría. Del “Pericos” salieron muchachos muy buenos, contándose los hermanos Porfirio y Pepe Sánchez que llegaros a figurar en la Primera Fuerza. Como el basquetbol se extendía y la evolución de los muchachos se imponía, los “Pericos” se desbandaron y se fueron a ingresar a otros equipos. Mi vida deportiva tenía que seguir, logré lo que yo quería, jugar como los ases de mi remembranza- perdón- y no obstante los muchos momentos felices que me ha proporcionado la larga existencia como basquetbolista, aquel evocador juego que tuve en la cancha del Colegio Mexicano fue “mi recuerdo más grato del deporte”.
En espera de la bondadosa aceptación de este humilde artículo, me es grato participar. Mis más sinceras gracias, quedando como un Atto. y S.S.
FERNANDO ALCARAZ ROMERO.
México D.F. a 02 de febrero de 1949
Continúe conociendo la historia del basquetbol en los relatos que presentamos en el programa de TV, LA DUELA de AYM Sports, el único programa de la televisión que habla de puro basquetbol.
Por lo pronto, ¡que tengan un buen juego!
*Documentación gráfica y documental del archivo de Don Alfonso Roldán Picazo.
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